29 mar. - 2 nov. 2025
Temporada de arte de 2025
Érase una vez... Inspirada en el tema del Festival Internacional de Jardines, la Temporada de Arte 2025 esconde numerosas joyas que despertarán la imaginación del visitante. Mediante símbolos y metáforas y al igual que una obra de arte, el cuento saca a la luz las emociones más profundas, y al mismo tiempo, aborda cuestiones contemporáneas. Esta programación, ideal para la reflexión y el asombro, invita a que cada visitante se embarque en un recorrido lleno de sorprendentes descubrimientos. No todos los artistas invitados están en la misma frecuencia, pero cada uno de ellos reserva un espacio para lo invisible, la energía y la sorpresa.
Sophie Zénon marca la pauta. En el Establo de Asnos, L’herbe aux yeux bleus nos relata una aventura humana y artística en los confines de las artes y las ciencias, imaginando el paisaje como un lugar de experiencia y de vida a través de las improntas de plantas, las estampaciones de troncos de árboles, las fotografías de flores o de cortezas, e incluso con la recuperación de archivos fotográficos.
En la Galería del Henil, Claire Trotignon nos invita a contemplar un fascinante paisaje flotante: «un paisaje en equilibrio entre las fuerzas telúricas y el delicado entramado de un bordado». Sus collages, un auténtico atractivo para la mirada, están repletos de arquitecturas, relieves y vegetación, en ocasiones de un azul intenso que nos conducen a un territorio insular y onírico.
A pocos pasos y bordeando el Patio Agnès Varda, La forêt qui murmure, del dúo G&K, Katarzyna Kot y Stéphane Guiran, nos invita a recuperar el asombro y el sentimiento de simbiosis con la naturaleza. De vuelta al impresionante bosque primigenio de Białowieża, en Polonia, los artistas nos proponen conectar con este «ser-lugar» que ellos consideran dotado de una conciencia y una capacidad de interactuar con nosotros.
En el camino hacia el Castillo, solo tenemos que abrir la puerta del Granero de las Abejas. Allí nos espera una mitología extraordinaria: Salomé retrouvée, Hérodiade o también Orion et Cédalion. Aunque Alquin no esculpe árboles, sino hombres a partir de ellos, nos recuerda que la luz no viene de fuera, sino que está en nuestro interior. Una reflexión para meditar.
En el Parque Histórico también hay espacio para la escultura con Les âmes sœurs, de Stéphane Erouane Dumas. Impulsadas por una singular tectónica de placas, estas esculturas inician un baile, una elevación única y magistralmente paralela. Sin duda alguna, una «imagen totémica de la ternura». Si alzamos la vista, el ojo atento descubrirá unas curiosas apariciones. Como respuesta a una serie de unos cincuenta dibujos realizados con plumas de faisán venerado, Olivier Leroi ha instalado en las ramas de un cedro unos «objetos» que conectan el conjunto. ¿Una lechuza, un espejo o algo más? ¡El espectador es quien decide!
Atención a la siguiente etapa... ¡La sorpresa será mayúscula! Y se encuentra en el Tejadillo de las Caballerizas: el elefante de Daniel Firman, haciendo equilibrio sobre su trompa, es una de las visiones más espectaculares y fascinantes que podrás ver. A pocos pasos de allí, Carole Solvay desafía la gravedad de otra forma. La artista despliega ante nuestros ojos asombrados unas «estructuras» de plumas desbarbadas y bordadas que evocan unos capullos de los que parece haber escapado algún ser vivo...
Tras el puente levadizo y una escalinata, la Torre de Diana, transformada en una gran joya, cobra vida bajo la luz de Monde à l’envers, de Anne y Patrick Poirier. Este valioso objeto, suspendido a unos metros del suelo, brilla con todo su esplendor. Cristales y otros adornos reflejan la luz como una chispa de esperanza en un horizonte que suele ser sombrío.
En la Sala del Puercoespín, los paisajes utópicos e idealizados de Yann Lacroix se nos presentan como recuerdos de viajes. Entre nacimiento y desaparición, estas imágenes reactivan la memoria de unos lugares silenciosos que, sin olvidar nunca inscribirse en la historia de la pintura, dejan entrever un paraíso perdido de vegetación exuberante.
La exuberancia también está presente en la Galería Digital, habitada por la obra Meta-Nature IA, de Miguel Chevalier. Cuatro cuadros para las cuatro estaciones. Con una impresionante belleza plástica, las especies virtuales con reflejos iridiscentes y nacarados nacen al azar, florecen y desaparecen, componiendo una naturaleza exuberante en constante renovación.
En las Galerías Altas del Castillo, la exposición dedicada a Fabienne Verdier corona esta programación. Poétique de la ligne nos invita a un recorrido por su obra, una exploración incesante de la línea como vehículo de una poesía universal, una escritura capaz de traducir los ritmos invisibles de la naturaleza y reconciliar al ser humano con su entorno.
Y, para concluir este viaje artístico, solo nos queda recorrer la distancia que separa el Dominio de su hotel. En el hotel Bois des Chambres nos espera Plus loin dans la forêt, de Vincent Laval, una cabaña mágica que nos conecta con el tiempo, la vida y la naturaleza. Una obra que nos invita a abrir los ojos y a ver nuestro alrededor con una nueva perspectiva. La síntesis perfecta de nuestra Temporada de Arte.
Chantal Colleu-Dumond
Comisario de exposiciones